Nací en Colombia, en la ciudad de Pereira, pero mi familia estaba radicada en Ulloa, un pueblito en el norte del valle del Cauca, allí me tocó vivir la crudeza de la violencia política que azotó el país en los años 50, conocí del miedo que precedía a la noche, horas en las que la chusma hacía de las suyas y me tocó ver muchas de las atrocidades cometidas en esa locura promovida por los tradicionales partidos políticos.
Hijo de una profesora (Offir Quintero Ángel) y un comerciante (Gustavo Mejía Landinez, carnicero y comprador de café), tuve la oportunidad de adelantar mis conocimientos con respecto a la edad (aprendí a andar, hablar, leer y escribir simultáneamente), con 7 años en esa época era la edad para entrar a la escuela, yo acompañaba a mi madre que enseñaba el curso 5º en la escuela Urbana de niñas Santa Cecilia de Ulloa.
Cuando ingresé a la escuela Urbana de varones Antonio José de Sucre, rápidamente fui promovido y con 8 años terminé la primaria, y como premio fui seleccionado por el Parroco del Pueblo (Pbro Gabriel Mejía) para estudiar en el seminario Claretiano Jesús Aníbal Gómez de la Estrella (Antioquia), como estudiante de bachillerato con vocación religiosa, en enero de 1.967 por el inconveniente de la distancia con mi familia, pasé a estudiar el 4º de bachillerato en el Colegio Calasanz , que en ese momento regentaba el Seminario Menor Diocesano de Pereira.
Los fines de semana viajaba a Ulloa y le ayudaba a mi padre en la carnicería, aprendí a afilar cuchillos, cortar carne y deshuesar novillos y cerdos, además de todas las técnicas de manejo de la carne, tipo de cortes, lo que no se debía hacer para no dañar las piezas, etc.
El 19 de diciembre de 1.968 mataron a mi padre, quedando yo a cargo de sus negocios, con el incendio del pueblo el 19 de marzo de 1.969 y otros problemas personales derivados de su asesinato, tuve que abandonar el pueblo y mis estudios, para radicarme en Cali.
A los pocos días de estar en Cali, entré a trabajar en Frigorífico Valle de propiedad del señor Iván Maya, quien todavía está en el negocio de los embutidos (Maya´s Carnes Frías), como operario de carnes, me tocaba madrugar al matadero a retirarle la carne que quedaba en las pieles y con ellos aprendí a mucho sobre embutidos y productos de salsamentaría, después de varios meses de madrugar a las 3 de la mañana, me tocó reemplazar a un vendedor y me fue tan bien que me quedé con el puesto.
Comencé a viajar, en la semana iba un día a Buenaventura, otro en la ruta de los ingenios (Florida, Pradera y Pro Tejada), otro a Popayán y el resto en Cali, como vendía con sobre precio en carretera, me ganaba hasta 7 mil pesos en la semana, mi mamá era profesora y su sueldo era de 1.600 pesos al mes.
Iniciando 1.971 Frigorífico Valle fue vendido y terminó mi dicha, porque entré a trabajar en la tradicional Salsamentaria Frigo, de propiedad de don Guillermo Posso, pero no quisieron comprar vehículo para realizar dichos viajes, pero disfruté vendiendo unos productos de excelente calidad, pero muy costosos para la época.
Al no colmar mis expectativas por estar acostumbrado a ganar mucho dinero y pasando por una gran decepción amorosa, viajé a Bogotá buscando al Sr, Iván Maya quién después de vender Frigovalle se fue a manejar la planta de embutidos de Frigorífico Guadalupe, vinculándome como vendedor junior, pero seguía igual, con muy bajo salario y por eso busqué nuevos horizontes, por recomendación de un cubano que conocí en EfeGe, entré a trabajar como vendedor a la Industria Colombiana de Carne (Incolcar), de propiedad de Sr. Adolfo López Tarajano, cubano también y fabricante de las tradicionales salchichas Ronda. Como la línea de producción de salchichas era tan grande, me surgió la inquietud sobre los carritos perreros que eran de moda en la época y coincidencialmente, muy cerca de donde yo vivía en Bogotá, había un parqueadero donde se concentraban muchos carros de propiedad de Don Sínforoso Cuesta, personaje famoso en ese sector por adinerado y cuidadoso del centavo.
Por las charlas con los vendedores de perros, logré informarme que ellos traían las salchichas de Medellín (marca Tio Pepe y Zenú), y también averigüé la causa para ellos preferirlas sobre las fabricadas en Bogotá, que eran muchas y más baratas.
Al mismo tiempo me tocó convencer al técnico de Incolcar para hacer un ensayo, la idea era aumentar el nivel de fosfáto para hacer que al hervir la salchicha, esta creciera y tuviera una apariencia brillante y llena, lograda la autorización de gerencia, sobre la condición de que la empresa me las fabricaba a 11 pesos la libra sin comisión, yo las podía vender como quisiera, y me puse manos a la obra para venderle la idea a Don Sinforoso.
Después de varias semanas de insistencia, logré convencerlo de ensayar mis salchichas, me pidió 30 libras vendidas a 12 pesos, se las despachamos el mismo día, al día siguiente, el pedido fueron 500 libras y se volvió contrato el despacho de 600 libras diarias para todos los carros que tenía en la ciudad, muchas veces aumentando la cantidad los fines de semana.
Volvieron los buenos días, la plata entraba fácil y como buen muchacho la gastaba con la misma facilidad, por esos días Don Adolfo López Tarajano estaba con la idea de montar otro matadero en Bogotá y entró en contacto con unos argentinos, con quienes compartimos unos ratos agradables, recibiendo la invitación de irme a Argentina, a Rosario, para realizar una especialización en frigoríficos, para volver y hacerme cargo del nuevo matadero (Hoy San Martín).
Mi afán de aventura no lo dudó y acepté la propuesta de Don Adolfo y empaqué maletas hacia Buenos Aires, dejando mi negocio en manos de la empresa, con la promesa de que ellos me enviarían mis ganancias.
Durante los dos primeros meses las cosas fueron de maravilla, conocía gente, estaba como aprendiz en las instalaciones del frigorífico Swift Armour en la hermosa ciudad de Rosario, en la Provincia de Santa fe, y por mi condición de extranjero y con buen dinero, era muy popular entre las muchachas del barrio donde vivía y disfrutando al máximo de todas las novedades.
Cierto día, en una ronda de rutina en la planta de sacrificio, acompañaba a uno de los ingenieros, se me ocurrió hacer una anotación sobre la forma de romper la panza de los novillos (de acuerdo con las enseñanzas de mi padre), evitando romper la hiel y contaminar las vísceras, me pidió que lo demostrara y para mi sorpresa, fui enrolado en la línea de producción, rompiendo panzas en una planta con una producción diaria de 2.000 animales bovinos, terminaba de recoger con cuchara, cansado al extremo de quedarme dormido en el transporte de regreso a casa, varias veces me tocó regresar a pié porque me pasaba del lugar donde debía quedarme.
Las cosas se me pusieron difíciles, se me acabo la plata y de Colombia no me llegaba nada, el poco salario que me pagaban no alcanzaba para nada, llamaba a Bogotá y la razón era que Don Adolfo andaba en USA, que de mi plata nadie sabía y que Don Sinforoso no había vuelto a comprar salchichas, pronto, estaba en problemas, así pasaron 7 meses, al cabo de los cuales con plata prestada compré el boleto para viaje terrestre de ida y vuelta a Buenos Aires porqué existía la posibilidad de que en la Central de los Correos Argentinos estuviera mi dinero.
Esa posibilidad se terminó cuando conseguí hablar con Don Adolfo por teléfono, me aclaró el fracaso en el negocio de los carros perreros, que fuimos reemplazados por otro fabricante cuando yo me ausenté y que él estaba muy ocupado para ponerse a recuperarlo, resumen, no había dinero para mí.
Más aburrido que perro estrenando collar, me puse a andar por el centro de Buenos Aires, me perdí en medio de esas calles tan nombradas en los tangos que escuchaba en mi casa, cuando mi padre se consiguió una radiola de manivela y tenía como 6 discos que repetía toda la noche, corrientes 2º pisos ascensor, la valle, corrientes, Palermo, etc..
Cuando me di cuenta, se me había pasado el tiempo y tenía que regresar al terminar de autobuses, preguntando llegué pero mi movilidad ya había partido y para colmo, el ticket no tenía cambio para otro horario, mi puesto se fue vacío pago con mi dinero.

